16.11.17

DÉCIMO PRIMERA REUNIÓN DE LA CLÍNICA LITERARIA DEL GALPÓN / TEMPORADA CUATRO




Este informe será aún más breve que el anterior, ya que estamos escribiendo cuentos breves para la antología nueva de Sergio Gaut Vel Hartman, tema deporte. Corregimos las pruebas de todos menos las de Fabián, que faltó a la cita, mientras nos devorábamos una tortilla con pan. Se ve medio tostadita, pero es porque la aderecé con el curry picante de LÄRKA. Dió manjar, sepan.

Nicolás trajo un cuento de CF buenísimo, si lo corrige bien para la clase que viene, lo pongo en el informe final. 

De leer un clásico, hubiera optado por "Los asesinos", de Hemingway.

9.11.17

DÉCIMA REUNIÓN DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO / TEMPORADA CUATRO

Cortita la reseña de hoy porque ando sin tiempo. Leímos a Mario Levrero, "Siukville", de "Espacios libres", una colección de cuentos que apareció en Puntosur por los ochenta. En Buenos Aires fue primicia del número 1 de "Sinergia", la revista de Sergio Gaut Vel Hartman, escritor que cité en el informe anterior por la convocatoria de cuentos sociales. A propósito, me mandó este mensaje:

"Gus.

Me interesan dos: el de Fernando, "Los ojos del cielo" y "Noticias de guerra", de Déborah. De esos dos autores necesito dos o tres líneas biográficas.

Los otros cuentos son interesante y nada desdeñables, pero no encajan con lo que busco.

Un abrazo.
Sergio. "

Así que muchas felicitaciones a los seleccionados.

También leyó Fabián su cuento de la consigna CF. Yo leí el mío. Y les hice conocer a Mariano Quirós, uno de los grandes escritores argentinos que viene asomando (y ganándose todos los premios). El cuento de Mariano se llama "La vida en el aire", de "La luz mala dentro de mí", Factotum Ediciones.

Lanzamos la nueva convocatoria Hartman, sobre el deporte. Acá van datos:

"Existe una posibilidad cierta de realizar esta antología con cuentos breves, de 200 a 600 palabras, en los que el tema sea el deporte, CUALQUIER DEPORTE (y en principio el fútbol solo debe ser un deporte más, por lo que voy a privilegiar los cuentos que se refieran a deportes menos "populares" como el ciclismo, el atletismo, la arquería o el squash, por nombrar solo algunos). Los cuentos, con el título y el nombre del autor en cada uno de los que sean enviados, deben remitirse a sergiogvh@gmail.com antes del 31 de diciembre de 2017. Se van a privilegiar aquellos textos que hagan referencia a deportistas del presente o del pasado, clubes o eventos significativos y asuntos directamente vinculados a la actividad deportiva.
Los cuentos recibidos de menos de 600 palabras serán tenidos en cuenta. Los que sean más extenso pasarán a formar parte de otro proyecto.
Más info por acá.

 La cena fue verde. Un budín de espinacas y un pan de bróccoli, con recetas de Natalia Kiako. 

8.11.17

DIEZ CONSEJOS PARA ESCRITORES / LILIANA HEKER

Cómo se forma un escritor. "Lo único que me motiva a dar talleres es que aquel que quiere escribir y que tiene una visión del mundo y un talento —sea mínimo o enorme— pueda hacer textos que merezcan ser leídos por otros, es decir: que merezcan ser textos literarios. Creo que nadie le puede enseñar a escribir a otro; cada escritor aprende por sí mismo. Pero el taller puede ser una parte de ese aprendizaje. La lectura, la propia reflexión, los errores y lo que uno vive, sin dudas, completan la formación de un escritor".
Unidad de efecto. "¿Qué caracteriza al buen cuento? Edgar Poe habla en La filosofía de la composición de la 'unidad de efecto'. Cuando uno piensa en la palabra 'efecto', piensa en un baldazo o en luces multicolores al final. Pero no siempre es así. El final puede no ser un acontecimiento extraordinario sino simplemente una frase, pero que cierra el cuento. El cuento tiene esa 'unidad de efecto' cuando produjo el efecto que buscaba. Ahí se terminó".
Pocas herramientas para contar. "Si transcribiéramos el episodio que alguien nos cuenta y nos atrapa, seguramente no sería tan apasionante. En la escritura hay muchos componentes que no entran, como el contexto, la voz, el tono. Uno no tiene más que palabras y signos de puntuación —¡miren qué poquito!— para decirlo todo. Entonces, eso que vuelve apasionante a la historia de alguna manera tiene que estar sugerido o estar debajo de lo que se cuenta o en el tono o en el lenguaje. Ahí está la destreza o el talento para escribir un cuento".

Rigor. "Cuando uno lee una novela que le gusta no quiere que termine nunca. Uno convive con la novela, entra y sale, le gustaría que nunca terminase. Pero cuando uno lee un cuento que le fascina, lo que quiere es que nada lo interrumpa porque quiere llegar al final. Esa es la diferencia fundamental entre el cuento y la novela. Por eso, como decía Horacio Quiroga, el cuento es una novela sin ripios. Yo discuto un poco esa definición, creo que la novela tampoco tiene que tener ripios. Pero el cuento exige un rigor extremo: nada puede sobrar, nada puede faltar".
Lector. "Por ahí, lo que estás escribiendo te evoca un cuento que leíste alguna vez y que contaba algo parecido. Cuando uno es consciente de lo que está buscando no imita. Simplemente desarma el mecanismo y lo recrea. Pero cuando uno no hace eso, se le queda pegada la música del otro. Por ejemplo: Cortázar, maravilloso como era, es un escritor peligroso para el que no es consciente de los mecanismos que tenía. Les puedo decir que, sobre todo en los 60 y principios de los 70, en los concursos literarios la mitad de los cuentos eran cuentos de Cortázar".
Corrección. "Cuando uno empieza a escribir sabe qué quiere hacer, sabe qué tono usar y qué efecto quiere lograr al final. De ahí a conseguirlo, hay una gran distancia. La primera versión siempre es un mal necesario. Además: ¿por qué a uno le va a salir bien de entrada? No hay que tener miedo a la corrección. En cualquier disciplina artística, corregir es buscar".
Más corrección. "¿Cuándo se termina un cuento? Nunca. Borges y Abelardo Castillo, por ejemplo, corregían los cuentos de una edición a otra. Uno nunca termina; en algún momento dice 'Hasta acá llegué' y, sin embargo, a los dos años lo vuelve a tocar. La verdad es que un cuento no está nunca terminado. Uno se acerca lo más que puede a eso que quería hacer".
Ansiedad. "Uno escribe con todo lo que es, con las propias locuras, con las obsesiones; hay gente paciente y hay gente impaciente. Pero creo que la literatura no es para ansiosos. No hay que apurarse. Si uno necesita corregir diez veces un cuento para que sea como quiere, está muy bien, porque ese trabajo es maravilloso. Y tampoco hay que apurarse a publicar. No importa para nada cuánto se tarda en publicar, lo que importa es qué se publica".
Finales. "Cuando me siento a escribir, sé a dónde voy a ir. Si uno no sabe a dónde va a parar, no se tiene que sentar a escribir porque va a escribir esperando que le caiga un buen final del cielo. Y los buenos finales no suelen caer del cielo. En cambio, si uno sabe a dónde va a ir a parar, puede escribir una primera versión muy mala, pero donde va a haber un esqueleto, una columna vertebral. Pero tiene que tener el final. Yo creo que el final es a priori. Todo cuento tiene un final incorporado: el cuento es el final".

Principios. "El final suele venir incorporado en el cuento; el principio nunca está dado. ¿Por dónde se empieza la historia? No hay nada determinado. Encontrar el principio es más complejo, pero cuando lo encuentra tiene al cuento. Porque no solo tiene dónde arranca sino que también tiene la voz, el ritmo. El principio marca todo. No es fácil dar con el principio, pero es fundamental. Es la frase que te hace entrar al mundo que querés contar".

6.11.17

PARTIR (ES VIVIR UN POCO) / JULIO ACOSTA

Adiós, señores míos, me voy con ellas
de la puerta de casa hasta las estrellas.
Que comparezcan viudas y pelirrojas
las gorditas, las mudas, sordas y cojas
las que tengan anteojos como botellas
que bien miradas todas, todas son bellas.
Adiós señores míos, me voy con ellas.
Soy hijo de mujer, de mujer padre
y aunque no tenga un perro que aquí me ladre
seré en lo alto rico si tras sus huellas
asciendo donde el cielo brilla y destella.
Vengan las apocadas y las coquetas.
Abran ansias y puertas, cierren maletas.
Las de piel de amapola y las ajadas
que del triste pasado no traigan nada.
Las que tengan jorobas como camellas,
tres tetas o ninguna; me voy con ellas.
Las que tanto lloraron que pidan pista
vengan las sojuzgadas, las feministas,
judías, chupacirios, mahometanas…
¡Tiren a sus maridos por las ventanas!
Que vengan las lesbianas,
calvas bomberos,
con tatuaje y chaleco negro de cuero.
Que a los ojos de mi alma sólo hay doncellas
A sus alas me monto. Me voy con ellas.
Ya las veo sonriendo por alamedas
y atravesando el puente de Avellaneda.
Les dejo, amigos, fútbol, autos y asados,
yo me trepo a sus alas, enamorado.
Por entre blancas nubes busquen la huella
de sus anchas caderas, y a mí con ellas.
De mis tiempos de niño hasta la adultez
siempre soñé este viaje. Díganle al juez
que dice un viejo libro en su biblioteca:
“quien se lleva mujeres ni hurta ni peca”.
De la puerta de casa hasta las estrellas
Adiós, amigos míos...
¡Me voy con ellas!

3.11.17

SÍNDROME / JULIO ACOSTA

No, doctor, sólo cuando llueve
y a mi lado sus hombros no oscilan 
como los lomos de ateridos gamos.
Pero de vez en cuando eh.
Y eso sólo si veo pasar dos embriagueces
compartiendo el dosel de seda de vapores 
y de risas de un único paraguas.
Pero no siempre no doctor.
Más bien le digo a veces. 
Cuando una canción que escuchamos juntos
persiste en repetir las mismas notas
o cuando un camino un niño un parque una sirena
el sonido de un teléfono
el choque de pocillos de café 
los gritos en la calle cinco pisos abajo
la nube que parece tenderse sobre otra
una explosión en tanto 
si sólo si
un motor que acelera
es decir sólo a veces 
muy pero muy 
a lo mejor quién sabe sólo a veces. 
Sabe doctor ahora que recuerdo
cuando las pupilas se me llenan de los pequeños
gránulos de su grupa de animal
en ofertorio 
en fuga pero quieto. 
O si la memoro boca arriba
con dos capullos negros 
vea doctor oscuros claramente
dos géiseres le digo negros negros 
endureciendo un poco más la palpitante
la leve oscilación que amo en su pecho.
Casi nunca doctor
y muy a las perdidas.
Cuando vivo sin vivir
cuando se enfrió la taza y me doy cuenta
cuando quiero escribir pero no acierto
nada para alarmarse ¿no?
ni para medicar espero
ni que acorte mis días
ni a tratar en terapia.
Eso, doctor, no más que eso.
De vez en cuando sólo y al acaso
sólo de tanto en tanto.
Esporádicamente...
y si respiro.